miércoles, 25 de febrero de 2009

12.- (NO SÉ SI ESTO LO ESCRIBO DE HORACIO O DE MÍ)


12.- Horacio creía en el valor de los restos. Estaba convencido de que las personas debían de reposar en un lugar propio en el que poder recordarlas, por ello no comprendía la cremación como decisión de despedida. Él dejó clara su intención de ser enterrado, junto con su mujer, Doña Irene Montforte, en el cementerio católico de Cela, en el panteón familiar en el que se encontraban los suyos desde mediados del diecinueve.
No fueron pocas la veces que en las conversaciones surgió el tema de nuestra propia muerte, y él siempre se aferró a la vida como una obligación. Había perdido demasiado pronto a sus padres, a su mujer, a los hijos que nunca tuvo, pero no quiso vivir su muerte; llevaba razón, eso corresponde a todos aquellos que nos hemos quedado aquí.
Se trataba de resistir, eso decía, de soportar a diario el sufrimiento de la incertidumbre, de la desilusión de los vecinos de Cela y su comarca que peregrinaban al despacho como si Horacio estuviese dotado con la gracia de sanar sus problemas, de redimir sus aflicciones. Ésa era la pesada carga de la profesión. Y Horacio, por el momento, había logrado aguantar con entereza, pero lo abatía el pesimismo al calibrar los efectos que tanto pecado ajeno, que tanto dolor extraño, le estarían produciendo en el ánimo, puesto que siempre fue consciente de que a él no lo era posible despojarse de ese dolor, y eso, antes después debía de cobrarse factura.
Ahora que lo entregamos a la tierra, no me cabe duda que todo aquello se cobró su estipendio. Descansa en paz, maestro.

3 comentarios:

amarin dijo...

Una pena que te hayas cargado a Horacio. Era uno de los mas interesantes, aunque ciertamente se había dejado vencer por la profesión. En cualquier caso no creo que estés escribiendo de ti. Como mucho de tu lado pesimista, que lo tienes, pero por suerte para ti y para muchos, está convenientemente compensado con otras versiones mas positivas. Si pensamos, como Horacio, que la solución es "resistir" cada día, estaremos dejandonos vencer y seremos víctimas del agotamiento que produce la resistencia. Porque Resistencia es una actitud agotadora, negativa, reactiva, resentida. Mas bien creo que no hay que resistir, sino atacar. La mejor resistencia (término similar al de "defensa")es un buen ataque. El ataque es una actitud positiva y no reactiva. Con ataque me refiero a ser positivo, optimista, utópico, desenfadado, activo. Que no sea el cliente con problemas el que nos contagie su desanimo, sino nosotros quienes le contagiemos nuestra actitud positiva. Hay que negarse a la desilusión por principios, como un acto de fe. Hay que vivir la vida dia a dia con pasión, o por lo menos intentarlo. Otra cosa es que con una sola vida hay que hacer demasiadas renuncias. Ese es el problema que debe preocuparnos, no la desgana, sino todo lo contrario: las ganas de hacer mas, que se ven coartadas por la necesidad de renunciar a todas las demas opciones cuando eliges una de ellas. Horacio fue un tipo interesante pero derrotado por la vida. Que no vuelva yo a leer que te comparas con él, primero porque no es correcta la comparación, y segundo porque, de tanto decirtela, al final la puedes hacer cierta, cosa que yo, entre otros, intentaré que no te ocurra por todos los medios.

PEPE dijo...

Ya me había advertido Carmen que tu comentario era muy bueno, y lo es. Sólo que te equivocas un poco en cuanto a mi comparación a Horacio. Esa comparación la refería, exclusivamente, al hecho de poder quedar impasible ante el dolor ajeno, ante los problemas de los clientes. Eso, antes que después, se paga con seguridad.

A mí me cuesta sustraerme a esos problemas. Creo que a ti, en cierta forma, también, aunque ciertamente menos que al que suscribe.

Un abrazo Antonio, recuérdame que te diga que eres cojonudo

DianNa_ dijo...

Pepe, perdona mis ausencias, niño. He andado muy estresada, ya sabes. Espero que me avises de tu vuelta, vale¿

Espero que todo sea para bien y seas feliz.

Muchos besos esperando noticias.

Silvia