
Acabo de terminar esta novela, un libro estival, de esos que uno compra de forma apresurada, junto con el periódico, en el estanco del malecón, un domingo antes de ir a la playa, porque fuera hace un calor empachoso y tu mujer e hijo no tienen espera -en las librerías claro-. Literariamente, sólo interesan los tres primeros párrafos -por eso lo compré, fue lo que me dió tiempo a leer-, luego el interés lo encontrará quien guste de las biografías -que a mí no me gustan-, de las peripecias de una espía española de nombre hermoso, África de las Heras, que trabajó para el KGB, y que fue complice de Stalin en el asesinato de Trotski -aun cuando este hecho no tenga demasiada relevancia en el libro, cuando menos en la descripción que del mismo se hace-, de los entresijos de la guerra fría.
La historia se vertebra a través del dialogo que mantienen un mando ruso, Gregory Gurivich, y un archivero de los servicios secretos también rusos, Anastasievich.
Visto así, la historia parece interesante, pero, con perdón, a mí no me ha gustado, por la sola razón de que carece de la intensidad de las historias noveladas. A quien le gusten los documentales, las citas de personajes que forman parte de la historia, como el Ché o Allende, quizá saque el provecho de este libro que yo no he sido capaz.
Para terminar, decir que esperamos ansiosos la continuación de nuestro relato fragmentado. Veremos con qué nos impresiona el antiplatónico...