
Un ángulo me basta...un libro y un amigo,un sueño breve.
Antiplatónico emboscado.
No pude salvarlo y pereció por triplicado. La versión más querida para mí, la de la editorial Crítica, con prólogo de Dámaso Alonso. Es mi libro favorito y desde que lo descubrí hace 15 años me ha acompañado siempre, hasta el incendio. Su lectura (me obligué a no aprendérmelo de memoria) ha sido una referencia continua para mí. Lo extraño como a pocas cosas, quizás como a ninguna. Puesto que empiezo desde la más absoluta nada no voy a atarme a objeto alguno, pues su perdida, inevitable y por venir, no ha de ser inconveniente. Y esto ya estaba en el propio poema del soldado Andrada, en su Epístola moral a Fabio. Ha sido considerado este poema como un manual de estoicismo. Sin duda síntesis acabada de un estoicismo que nos sigue apelando de forma directa, sin circunloquios ni largas exposiciones, tan afilado como un cuchillo y tan silencioso como la flecha que sabemos ya se ha lanzado y que se dirige ávida al corazón a pesar de nuestra indiferencia. Es desde luego un arsenal de argumentos estoicos pero lejos de lo presuntuoso de esta literatura tan dada a la monserga. Su carácter verdadero viene dado por la fragilidad de su emisor, que nos habla desde la propia duda de haber llevado a efecto sus propias prescripciones. Mensaje de un amigo atribulado que asume la propia humanidad del lector al que considera, como a Fabio, un probable sufriente, ser doliente y quejoso ante las injusticias que nos causamos nosotros mismos. Pues ese es tenor de la epístola: nosotros como problema, nosotros como solución, la asunción de la individualidad como algo por hacer lejos de la cristalización del individuo en arquetipo (manía platónica). Su poema es la carta de un amigo cercano que nos propone no claudicar, no rebajarnos especialmente ante nosotros mismos. Debo confesar que pocos libros llevo dentro de mí como ese. Transformado en vida, es una parte de mí. Su constante recuerdo no me ha animado a volver a comprarlo. Su recuerdo, vago, episódico, retumba en mi cabeza con frecuencia. Su nueva adquisición me enfrentaría a amargos recuerdos, sin embargo. Enfrentado con mi pasado, renuente, suelo decirme: “Fabio, las esperanzas cortesanas prisiones son… “ y no recuerdo más. Y sin embargo pocos libros como ese. Ninguno. Salud.